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Uno de los hechos más alarmantes acerca de la vida es que todos los seres humanos tenemos un enemigo sobrenatural cuyo objetivo es usar el dolor y el placer para hacernos ciegos, tontos, y miserables… para siempre. La Biblia lo llama “el diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero… el acusador”.
Satanás sabe que no tiene sentido atacar a Jesucristo directamente, así que en cambio él ataca a aquellos que lo siguen. Él usa los medios, la música, la cultura popular y todo lo que pueda para ridiculizar a aquellos que siguen a Jesús. Él está detrás de las voces que dicen: “Esos cristianos están obsoletos, están en el lado equivocado de la historia. Ellos no saben de lo que están hablando. Son intolerantes”.
Dios no impide las conspiraciones de los hombres perversos, sino que hace que sus intentos obren para bien a los que en la prueba y el conflicto mantienen su fe y lealtad. A menudo los obreros evangélicos realizan su trabajo en medio de tormentas y persecución, amarga oposición e injusto oprobio. En esos momentos recuerden que la experiencia que se adquiere en el horno de la prueba y aflicción vale todo el dolor que costó. Así Dios acerca a sus hijos a sí mismo, para poder mostrarles sus debilidades en contraste con su fortaleza. Les enseña a apoyarse en él. Así los prepara para afrontar emergencias, para ocupar puestos de confianza, y para cumplir el gran propósito para el cual les concedió sus poderes.
Dios te bendecirá de maneras sorprendentes y maravillosas. En los pasajes de hoy leemos acerca de la promesa de la bendición de Dios, su alcance y privilegio.
Sin embargo, también leemos sobre las maneras en las que las bendiciones encuentran oposición. Fue verdad en el caso del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y en el de los discípulos de Jesús, y también lo será en tu vida, no te desanimes y recuerda que : «Ninguna bendición deja de recibir oposición».
Las bendiciones encuentran oposición por los problemas, las enfermedades y las calumnias
Las bendiciones siguen a aquellos «que piensan en el débil» (v.1); los que cuidan al pobre, al hambriento, al enfermo, al adicto y al que está encarcelado. Esta tendría que ser una característica de aquellos que siguen al Señor. Si te ocupas del pobre, Dios promete liberarte en los tiempos difíciles, protegiéndote para preservar tu vida y bendecirte (v.2). Él promete sostenerte y sanarte (v.3). Pero estas bendiciones de Dios no vendrán sin oposición.
Puede que vengan «días de desgracia» (v.1b). Puede que haya «adversarios» (v.2b). Pueden darse períodos de «enfermedad» (v.3). Pueden venir enemigos que «no son sinceros; recogen calumnias y salen a contarlas» (v.6).
Ser consciente de que hay enemigos a tu alrededor debiera ponerte en guardia. Por ejemplo, hay algunos que vienen a «recoger calumnias». Salen a la pesca de habladurías contra ti para poder ir y «salir a contarlas». Pero Dios promete su bendición y que «no (te) entregará al capricho de (tus) adversarios» (v.2b).
Una de las cosas que animan de este salmo es que su bendición de protección no parece depender de que siempre hagas las cosas bien. David era muy consciente de su propio pecado; cuando caía, clamaba a Dios implorando misericordia y sanación (v.4).
Oración
Señor, gracias por todas las bendiciones que has derramado sobre mí. Gracias por tu promesa de librarme en los tiempos de dificultad, enfermedad y calumnia.
Las bendiciones encuentran oposición de parte de Satanás y los poderes demoníacos
Como seguidor de Jesús, has sido bendecido en mayor medida que ningún otro ser humano que haya vivido a lo largo de la historia antes de Jesús. Él declaro: «Dichosos quienes vean lo que ustedes están viendo; porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver esto que ustedes ven, y no lo vieron; quisieron oír esto que ustedes oyen, y no lo oyeron» (10:23–24).
Las bendiciones son tan abundantes que, con mucho, superan el peso de cualquier costo aparente. Puede que en ocasiones tengas que decir adiós a comodidades (9:58), deberes (v.60) e incluso a ciertas compañías (vv.61–62).
Como los «setenta y dos», tienes la gran bendición de ser enviado por Jesús a recolectar una inmensa cosecha (10:2). Tienes el privilegio de sanar a los enfermos y decirle a la gente que «El reino de Dios ya está cerca de ustedes» (v.9).
No son solo los Doce quienes fueron enviados a sanar a los enfermos y proclamar el reino. Los setenta y dos fueron y eso es lo que hicieron exactamente. Regresaron «muy contentos» (v.17). Jesús está «lleno de alegría por el Espíritu Santo» (v.21) cuando ve las maravillosas bendiciones que reciben aquellos que lo siguen.
Jesús nos envía como «ovejas en medio de lobos» (v.3). Pero nuestro mayor enemigo en el Nuevo Testamento es espiritual («nuestra lucha no es contra seres humanos», Efesios 6:12). Cuando «los setenta y dos regresaron muy contentos, diciendo: —¡Señor, hasta los demonios nos obedecen en tu nombre! Jesús les dijo: —Sí, pues yo vi que Satanás caía del cielo como un rayo. Yo les he dado poder a ustedes para caminar sobre serpientes y alacranes, y para vencer toda la fuerza del enemigo, sin sufrir ningún daño» (Lucas 10:17–19). El enemigo es Satanás y sus demonios.
Una vez más, se nos promete la victoria. Los demonios se tienen que someter al nombre de Jesús (vv.17,20). Pero Jesús dice que hay una bendición aún más grande: que nuestros «nombres ya están escritos en el cielo» (v.20).
Oración
Señor Jesús, gracias porque mi nombre está escrito en el cielo. Ayúdame a no dejarme intimidar por los ataques porque me has dado la «autoridad…para vencer toda la fuerza del enemigo» (v.19).
Las bendiciones encuentran oposición en los problemas, las cargas y las disputas
¿Estás atravesando una época de dificultad en este momento? ¿Sientes que estás en un periodo de desierto en tu vida?
A veces parece que hay una larga demora entre la promesa de Dios y el cumplimiento de la promesa. ¿Qué hacemos mientras esperamos que Dios cumpla lo que ha prometido?
Durante los años de desierto tu fe es puesta a prueba. Aprende a confiar en Dios, buscar su presencia y adorarlo cuando la vida es dura.
En el Deuteronomio se recoge uno de los sermones más largos que nunca se hayan predicado. Ciertamente es el más largo de la Biblia y el último que predicó Moisés.
En el libro del Deuteronomio leemos cómo Moisés impartía instrucciones al pueblo. Aquí Moisés reitera que la ley de Dios fue dada al pueblo, transmitiendo los caminos de Dios para una generación venidera. Un tema central es «la tierra», el cual quizás tiene su paralelo en el Nuevo Testamento con las bendiciones del «reino de Dios», que vienen por medio de estar en Cristo y vivir bajo el reinado y gobierno de Dios.
La Biblia es la historia del pueblo de Dios, la bendición de Dios y el reinado de Dios. Experimentas la bendición de Dios cuando vives bajo el reinado de Dios. Al principio del Deuteronomio, se nos recuerdan las bendiciones de Dios para su pueblo en el pasado, presente y futuro.
En primer lugar, en cuanto al pasado, Moisés dijo: «El Señor su Dios los ha guiado, como lo hace un padre con su hijo […] los ha bendecido en todo lo que han emprendido, y los ha cuidado por todo este inmenso desierto. Durante estos cuarenta años, el Señor su Dios ha estado con ustedes y no les ha faltado nada» (1:31; 2:7).
En segundo lugar, respecto al presente, Moisés les recuerda las maneras en las que Dios ha sido fiel a sus promesas a Abraham: «El Señor su Dios los ha hecho tan numerosos que hoy son ustedes tantos como las estrellas del cielo» (1:10). Por cuatro veces descubrimos en este capítulo inicial que Dios está dando a su pueblo la tierra de Canaán (vv.8,20,21,25). Es un don de gracia inmerecida para el pueblo de Dios, igual que por pura gracia tú y yo podemos tener una relación con Dios por medio de Jesús.
En tercer lugar, en relación con el futuro, Moisés habló de todas las bendiciones que Dios daría a su pueblo. Oró así: «¡Que el Señor, el Dios de sus antepasados, los multiplique mil veces más, y los bendiga tal como lo prometió!» (v.11). A medida que sigas viviendo bajo el gobierno de Dios, irás experimentando más y más la bendición de Dios.
Aun así, junto con estas bendiciones, Moisés también subraya una serie de problemas, cargas y disputas (v.12). Dios dijo: «Han permanecido ya demasiado tiempo en este monte […] Yo les he entregado esta tierra; ¡adelante, tomen posesión de ella!» (vv.6–8). Lo que tan solo era un viaje de once días ¡les había llevado cuarenta años! Habían desarrollado una mentalidad de desierto, permitiéndoles superar el miedo y el desánimo (v.21), la murmuración (v.27), la desilusión (v.28) y la oposición (v.26 en adelante).
Ahora había llegado la hora de ponerse en marcha (v.7). Aun así, Moisés no prometió que se librarían de los problemas. De hecho Moisés les hablo de «sus enemigos» (v.42). Les esperaban muchas batallas por delante y mucha oposición; la clave es seguir al Señor de todo corazón (v.36b).
También necesitamos liderazgo y organización. Moisés les dijo que escogieran «hombres sabios, inteligentes y experimentados» (v.13) y que delegaran. Elegir a la gente adecuada es clave para delegar y evitará tener que acabar gestionando las cosas pequeñas. Como dijo el general George Patton: «Nunca digas a la gente cómo hacer las cosas. Diles lo que hay que hacer y te sorprenderán con su ingenuidad». La delegación conlleva poner a otros a cargo pero estar dispuesto a asumir la responsabilidad en última instancia (vv.9–18).
Nunca dejes que la oposición que recibas te desanime. Moisés dijo: «No se asusten ni les tengan miedo. El Señor su Dios marcha al frente y peleará por ustedes» (vv.29–30).
Oración
Señor, ayúdame a no desanimarme por los problemas, las cargas o la oposición, sino a seguirte de todo corazón y disfrutar plenamente de tus bendiciones.